Mi valor no depende
de quien me elige,
ni de quien decide quedarse.
No se mendiga,
no se negocia,
no se ajusta
al vaivén de miradas
que hoy se acercan
y mañana se retiran.
No soy menos por no ser visto,
ni menos por no ser elegido.
Lo que soy no se reduce
a la presencia de otros,
porque lo que soy
no nace fuera de mí.
Mi valor se sostiene solo,
incluso en los días
en que dudo de todo.
En la forma en que me levanto
cuando no hay aplausos,
en la manera en que sigo
cuando no hay testigos,
en la decisión silenciosa
de no abandonarme.