LA BELLEZA DE COINCIDIR
Qué bonito fue coincidir contigo,
sin buscarlo, en medio de días que
parecían avanzar con la tranquila
costumbre de repetirse.
Hay encuentros que apenas rozan
la memoria y continúan su camino,
pero el tuyo tuvo otra forma de llegar.
No hizo ruido ni pidió un lugar,
simplemente permaneció, como si
desde el principio hubiera entendido
que las cosas más importantes
no necesitan anunciarse.
Entre lo cotidiano y lo inesperado
apareciste tú. Y fue entonces cuando
coincidir dejó de nombrar un instante
para empezar a nombrar un proceso.
El lento descubrimiento de una
presencia que sin alterar el mundo,
transformó la manera de habitarlo.
Con el tiempo comprendí que algunas
personas no irrumpen en la vida.
La revelan.
Y quizá eso sea lo más hermoso
de algunas coincidencias,
no el momento en que ocurren,
sino la forma en que casi sin advertirlo,
empiezan a quedarse.