Que nunca aprendas del todo
el idioma de las copias.
Ojalá conserves esa costumbre extraña
de mirar dos veces,
de abrir ventanas
donde otros solo ven paredes.
Que no te convenzan
de apagar el brillo para encajar,
ni de endurecerte
para sobrevivir al invierno ajeno.
Sigue siendo ese error hermoso
en un mundo obsesionado con repetirse.
Sigue preguntando lo incómodo,
nombrando lo invisible,
abrazando con la intensidad
con la que otros apenas se atreven a rozar.
El mundo sería un lugar más triste
sin tu rareza,
sin esa forma tan tuya
de vivir cada instante
como si te fuera la vida en ello.
Ojalá nunca se te rompa,
ni se te cure,
esa bendita rareza.