Un valor que no depende de miradas
Mi valor no germina en la mirada ajena ni en la efímera aprobación del mundo.
Precede a cada encuentro y sobrevive a cada despedida. Ninguna ausencia lo mengua, ninguna presencia lo magnifica. Es una verdad íntima, silenciosa e irreductible, que no requiere pruebas para existir. Quien llega a comprenderla deja de perseguir validaciones y aprende a habitarse con respeto, amor y confianza, haciendo de esa certeza una guía para caminar y una presencia capaz de inspirar a otros.
Si este texto te habló, puedes quedarte un poco más.