Para mi Madre
Amo a mi madre con una devoción silenciosa y profunda.
En ella encuentro la fuente que me nutre y la energía que me impulsa a seguir adelante.
Su amor cae como lluvia sobre mis miedos, despertando en mí hojas nuevas incluso en las estaciones más secas.
En su presencia aprendí a crecer despacio, a extender raíces firmes en la tierra aun cuando todo parecía incierto. Cuando dudo, ella es la luz que guía mis pasos. Cuando caigo, es la mano paciente que me levanta con ternura. Gracias a su ejemplo he aprendido a resistir las tormentas, a inclinarme sin quebrarme y a buscar siempre el cielo sin olvidar de dónde vengo.
Ella es refugio en su abrazo, descanso en su voz, sostén y esperanza constante. Con su cuidado he podido florecer, prosperar y atreverme a soñar en grande, alcanzando alturas que nunca habría imaginado sin su amor infinito y generoso.
Porque todo lo que crece en mí, todo lo que sueño y se eleva, lleva su nombre escondido. Y por eso celebro su presencia, hoy y siempre, agradecido por su amor eterno y su entrega incondicional.
Si este texto te habló, puedes quedarte un poco más.