Amar sin Proyectar
Dejé de esperar versiones de otros que ni ellos mismos pueden sostener.
Dejé de negociar con la ilusión de lo posible mientras la realidad, silenciosa, insistía en mostrarse incompleta.
Hay un desgaste íntimo en amar desde la proyección. En sostener palabras que no encarnan, en dar forma a intenciones que no saben quedarse. Un cansancio que no estalla, pero erosiona, lento, constante, inevitable.
Durante mucho tiempo elegí el potencial por encima de la verdad. Me aferré a lo que podría ser, ignorando lo que en esencia ya no alcanzaba. Hoy elijo mirar con honestidad, incluso cuando duele. Elegir desde lo que veo, no desde lo que imagino y soltar aunque cueste, todo aquello que necesita convertirse en otra cosa para poder quedarse.
No es dureza, es claridad.
No es frialdad, es respeto propio.
Hoy ya no me abandono en nombre de nadie.
Ya no traduzco dudas en esperanza.
Donde no hay presencia, no me quedo.
Donde no hay claridad, no construyo.
Si este texto te habló, puedes quedarte un poco más.