El Desgaste de la Incoherencia
El cansancio emocional no siempre llega con estruendo.
A veces se instala en silencio. No es solo tristeza, ni enojo, ni una decepción aislada, es la acumulación de intentos, de conversaciones que prometían profundidad, de miradas que parecían quedarse y pasos que al final siempre se alejan.
Estoy cansado de quienes dicen querer algo serio pero retroceden cuando lo serio empieza a tomar forma. De quienes hablan de construir sin saber sostener el primer ladrillo. De quienes pronuncian “compromiso” como un deseo genuino y desaparecen en cuanto la relación exige presencia, responsabilidad emocional o una conversación incómoda.
La decepción no está en que algo no funcione, no todo está destinado a durar, sino en la falta de coherencia. En romantizar la idea de lo serio sin estar dispuesto a atravesar lo que implica, vulnerabilidad, constancia, paciencia, conflicto y crecimiento.
Lo que agota no es el final, es la repetición. Volver a empezar con alguien que promete quedarse y terminar viendo la misma escena, entusiasmo inicial, intensidad, palabras grandes y luego el retroceso, el silencio, la huida cuando aparece la profundidad real.
Estoy harto de los vínculos que se quiebran antes de empezar. De quienes desean la emoción de sentirse elegidos, pero no la responsabilidad de elegir. Que buscan compañía mientras todo es ligero, pero se retraen cuando la conexión exige madurez.
El cansancio emocional nace ahí, en sostener conversaciones sinceras con personas que no sostienen su propia intención. En ofrecer claridad y recibir evasivas. En dar estabilidad y encontrar miedo disfrazado de excusas.
Y lo más duro es que uno no deja de creer en lo serio. No deja de querer algo auténtico, algo construido con presencia y coherencia. Lo que duele no es querer demasiado, sino encontrarse demasiadas veces con quienes no saben querer de la misma manera.
Estoy harto, sí, pero no de amar. Estoy harto de la inconsistencia. De la fragilidad emocional disfrazada de libertad. De promesas que se rompen antes de convertirse en realidad.
El verdadero cansancio no es del amor, sino de la inmadurez. Y aun así, pese a todo, sigue existiendo esa parte de mí que cree que algún día alguien no se irá cuando lo serio comience.
Si este texto te habló, puedes quedarte un poco más.