
LECTURA
Terapia
MI RESEÑA
◆A veces estoy dispuesto a perdonarle mucho a un thriller cuando entiende perfectamente qué experiencia quiere producir. Esta novela me recordó por qué. Fitzek construye capítulos cortos, preguntas encadenadas y una percepción de la realidad que nunca termina de sentirse estable. Sé que varias piezas exigen aceptar coincidencias y decisiones que, examinadas con calma, pierden credibilidad. Mientras leía, sin embargo, esa fragilidad lógica no fue lo que dominó mi experiencia. Quería seguir, revisar lo que creía saber y comprobar hasta qué punto mis propias conclusiones estaban siendo manipuladas. Lo valioso es que la novela no depende únicamente de la velocidad. Debajo hay dolor, obsesión y una pregunta bastante incómoda sobre hasta dónde puede deformarse una mente que necesita una respuesta. Fue uno de esos thrillers en los que el artificio no se sintió como un defecto oculto, sino parte consciente del juego. No le pedí realismo absoluto. Le pedí control y lo sentí casi hasta el final.


