
LECTURA
Encrucijadas
MI RESEÑA
◆Franzen vuelve a demostrar en Encrucijadas que puede dedicar cientos de páginas a una familia y hacer que una conversación en una cocina parezca contener una crisis moral completa. Ninguno de los Hildebrandt necesita ser admirable para resultar fascinante. Cada uno construye una versión de sí mismo que intenta reconciliar deseo, culpa, religión, generosidad y egoísmo y la novela tiene la inteligencia de permitir que esas versiones se contradigan sin señalar rápidamente cuál debemos aceptar. Hubo personajes que me desesperaron. Precisamente por eso sentí que estaban vivos. La extensión no me pesó porque casi siempre está al servicio de pequeñas modificaciones en cómo vemos a alguien. También me impresionó la manera en que la fe aparece sin cinismo automático ni reverencia, como lenguaje para buscar sentido, como comunidad y también como escenario de vanidad. Terminé queriendo seguir a esta familia aun sabiendo que convivir con ella sería agotador.